La cesárea es una cirugía abdominal mayor, y la cicatriz que deja —por fuera y por dentro— necesita cuidados. Muchas mamás llegan a nuestro masaje postparto meses después, con la zona dura, tirante o insensible. Cuanto antes se cuide (con autorización médica), mejor.
Qué pasa en la cicatriz
Al cicatrizar, el cuerpo forma tejido nuevo que a veces se “pega” a las capas de debajo. Son las adherencias. Pueden causar tirantez, una sensación de bloque en el abdomen bajo, molestias al moverse o un pliegue por encima de la cicatriz.
¿Cuándo se puede empezar?
- Nunca antes de que la herida esté completamente cerrada y seca.
- Siempre con el visto bueno de tu médico, que suele revisarla en las semanas posteriores al parto.
- Mientras tanto, se puede trabajar el resto del cuerpo: espalda, cuello, piernas.
Cómo se trabaja
Se empieza lejos de la cicatriz, con movimientos suaves alrededor, y poco a poco se llega a ella. El objetivo es que los tejidos recuperen movilidad: que la piel se deslice sobre lo que hay debajo. Nunca debe doler de forma intensa.
Señales para consultar al médico
- Enrojecimiento, calor o secreción.
- Dolor que aumenta en vez de disminuir.
- Fiebre.
- Una zona que se abre o sangra.
Más allá de la cicatriz
Después del parto el cuerpo entero necesita recuperarse: desinflamar, aliviar la espalda de cargar al bebé y descansar. El masaje postparto combina las tres cosas. Y si estás aún embarazada, lee si el masaje prenatal es seguro.
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La información de esta web es orientativa y no sustituye la valoración de tu médico.


